La utopía del diseño solidario

La utopía del diseño solidario

Abstract: El sector creativo tomó el diseño artesanal como sustento para agregarle valor a sus
productos, justificando que es la manera de evitar la pérdida de tradiciones y fomentar el
consumo local. El dilema ético que el ensayo presenta es el exceso de la doble moral, ya que
detrás de esta forma de pensar y de vender se encuentra un comercio inequitativo que no
fomenta el comercio justo.


“La humanidad tiene una moral doble: una
que predica y no practica, y otra que
practica y no predica” Bertrand Russell


Desde hace más de 50 años, el diseño mexicano ha ido evolucionando de acuerdo con el
contexto cultural y social, adaptándose a las tendencias y sectores dominantes. Encaminado al
diseño mexicano a colocar la mirada sobre el diseño artesanal y, enfocándose en el
intercambio de conocimientos como en el proceso. Ésto con la finalidad de mantener presentes
nuestras tradiciones, integrar elementos que le generen valor agregado a nuestro trabajo y
beneficiar a las economías locales. Sin embargo, esa colaboración que en sus inicios buscaba
el bien común, se ha ido transformando en un abuso por parte del sector creativo hacia el
trabajo artesanal. Demostrando la evidente pérdida del pensamiento utilitarista (mayor bien al
mayor número de personas), transicionando hacia un gremio que hoy en día solo se preocupan
por sí mismo y por el máximo beneficio personal, más no el grupal. Estamos hablando de una
sociedad con una doble moral sumamente marcada. ¿En qué momento pasó la profesión de
buscar beneficiar a la sociedad una profesión que solo busca exaltar el “yo”? ¿Qué se
necesitaría hacer para recalcarles a los diseñadores que nuestra profesión es estar al servicio
de la sociedad y no de nuestro propio ego? Este ensayo busca incentivar al lector a reflexionar
sobre la doble moral que el sector creativo ha venido ejerciendo en contra del sector artesanal
y como ha habido una carencia de valores en la colaboración y la creación de los productos,
así como proponer soluciones para redireccionar el camino que ha tomado el diseño mexicano
hacia un diseño más colaborativo y justo.


Para poder comenzar es necesario tener una breve noción sobre el diseño mexicano y,
lo que ha venido sucediendo a lo largo de los años. En 1965, México se estableció como país
maquilador y no como país industrial (Hansen, T., & Douglas, L., 201 3). Al no tener la posibilidad
de producir productos de carácter industrial a bajo costo y con alto margen de utilidad, los
diseñadores comenzaron a crear productos de carácter artesanal. A partir de esto, el diálogo
entre el diseñador y el artesano se volvió una tendencia contemporánea, la cual busca crear
soluciones con alto valor agregado a través de los procesos y materiales locales, al igual que la
riqueza cultural. Justificando que la única finalidad de todo esto es evitar la pérdida de
tradiciones, y valorar el trabajo artesanal, así como fomentar el consumo local. ¿Escuchar esto
suena bastante bien, ¿no? Un mundo colaborativo en donde se juntan las tradiciones, las
técnicas y los conocimientos en búsqueda de un bien común. Entonces, ¿en dónde radica el
problema?


El problema inició cuando el diseño contemporáneo, a causa de pequeñas
producciones en serie, tiempos y costos elevados encaminó al diseñador a vender los
productos a precios más altos. Para lograr vender producto a un precio mayor, lo diseñadores
decidieron apostarle a crear objetos de alta gama que beneficiaría únicamente al 5 % de la
población y, a pagarle al artesano precios mínimos por pieza para poder así tener un mayor
margen de utilidad, sin dar el mínimo reconocimiento al productor local. Esto ha generado una
serie de problemas que de acuerdo al Universal (201 8), “[...] en el último año las denuncias de
plagio y apropiación de la iconografía de comunidades indígenas por parte de grandes
empresas o diseñadores reconocidos no pararon”.


Aquella carencia de igualdad, desvalorización del trabajo y de respeto han atentado
directamente contra la dignidad humana del artesano. El trabajo del artesano se ha visto como
una área de oportunidad, pero al artesano lo siguen viendo como una persona en desventaja y
como alguien inferior. Pese a esto, no debe olvidar la cantidad de conocimientos y habilidades
que poseen, incluso más que el diseñador industrial. Es importante mencionar que aquí no solo
se trata que los diseñadores valoren, sino que el mismo artesano identifique los límites y, en
qué punto llegan a transgredir su dignidad, para así poner inmediatamente un freno.
Por otro lado la falta de profesionalismo por parte de algunos diseñadores ha ido en
contra del código de ética establecido por la World Design Organization (WDO), organismo que
establece lo siguiente “[...] los diseñadores reconocen su responsabilidad al bienestar social,
individual y material del público en general, en particular en el ámbito de salud y seguridad, y
no actuarán de forma consciente en prejuicio o contradicción de ese bienestar.” La falta de
profesionalismo que se lleva a cabo se conoce como principio de beneficencia, que se pueden
sintetizar en dos puntos: no causar ningún daño y maximizar los beneficios posibles.
Entonces, ¿por qué nace este sentido de individualismo y egocentrismo? ¿Por qué se
justifica la colaboración ante la sociedad, pero no con las acciones entre los dos partidarios? La
realidad es que no existe justificación para tales acciones, el creativo se ha aprovechado del
alto valor cultural y tradicional para comercializar productos de alta gama. Existe una necesidad
de justicia social, que como menciona J. Rawls, el principio de la diferencia corresponde a la
idea de la fraternidad, ya que incluye la necesidad de no querer mayores ventajas a menos que
se beneficien a los peor situados.


Es importante recalcar que la colaboración entre el sector creativo y el sector artesanal
no es errónea ni equivoca. El problema radica en la carencia de valores y respeto mutuo. La
carencia de valores ha direccionado a los diseñadores a desempeñar una doble moral que
como bien dice Bertrand Russell (sin fecha): “uno que predica y no practica y, otra que practica
y no predica”. Con esta frase se refiere a que el diseñador únicamente aparenta ante la
sociedad la imagen de que está apoyando al artesano y, que está contribuyendo a la
preservación de tradiciones, pero cuando se trata de compartir triunfos, o bien, pagar de forma
justa es cuando el diseñador no está dispuesto. Desde mi punto de vista, considero la doble
moral como el peor mal dentro de la sociedad en este caso del diseño industrial.
Sin embargo, las cosas no deberían ser así. Hoy en el país existen más de 1 2 millones
de artesanos, de los cuales solamente 600 mil logran vender sus productos. Estamos hablando
únicamente del 5% FONART (201 7). Esta realidad ha sido causada por dos factores: el
primero es la falta de consumo local; no existe una cultura de consumo ni mucho menos se
tiene conocimiento del potencial que tiene está. El segundo es la carencia de colaboraciones
que busquen la profesionalización y la formalización de los trabajos artesanales. Si bien
artesanos y diseñadores transitan situaciones similares, el complemento de sus habilidades y
conocimientos representan una alternativa viable y eficaz cuando comparten el objetivo de
mejorar productos para tener una mayor aceptación en el mercado al cual se dirigen. Esto
representa un área de oportunidad colaborativa entre diseñadores y artesanos inmensa. Un
mercado que requiere urgentemente de nuevas propuestas, diseños que requiere elementos
culturales, pero sobre todas las cosas, un entorno que requiere de una colaboración justa y
transparente.


Imagen por João Jesus

Imagen por João Jesus

Para lograr esa colaboración y potencializar a las dos profesiones como una
colaboración integral que genere productos de alto valor agregado, precios competitivos y
salarios justos para ambos lados, se tendría que inculcar nuevas formas de pensar y de actuar.
Se tendría que construir una colaboración basada en el modelo virtuoso y en el principio de la
diferencia de J. Rawls, una colaboración que permita la construcción de una amistad cívica y
una solidaridad moral, buscando el máximo bienestar tanto para los creadores del producto o
servicio como para el usuario final.


Pero, ¿cómo logramos construir esa colaboración? Para lograrlo es necesario que se
establezca el máximo bienestar para la mayor cantidad de personas como pilar central y ejercer
de forma correcta nuestra profesión , ya que “el ejercer de forma correcta constituye el primer
criterio para decir que actuación profesional es buena, quién es un buen profesional, tanto a lo
que se refiere a su competencia profesional como a su ética.” Hortal, A. (2004) al ejercer de
forma correcta y buscar el mayor beneficio posible se genera un equilibrio entre los individuos
involucrados garantizando que la sociedad está siendo correctamente ordenada y justa.
El ejercer correctamente es únicamente el comienzo, ya que eso solo fomenta valores y
evita el desarrollo de la doble moral. No obstante, para lograr fomentar una acción colaborativa
es necesario definir o delimitar un plazo y las actividades entre los involucrados, manteniendo
en todo momento una relación horizontal entre el diseñador y el artesano, nunca de forma
jerárquica, ya que no se puede sobreponer el valor del diseñador sobre el valor del artista. El
conocimiento del diseñador debe verse al mismo nivel de la práctica del artesano y debe
enfocarse a la colaboración temporal y los beneficios que pueden adquirir mutuamente. De
acuerdo con Alejandra Cabrera, maestra de design thinking en la Universidad CENTRO,
“cuando existe una relación con propósitos colaborativos, el intercambio será mucho más
intenso, habrá un entendimiento a profundidad del trabajo, tradición y técnicas, así como las
condiciones alrededor de todo el proyecto para que éste resulte benéfico. “


El diseño mexicano está en un punto en donde requiere reinventarse, seguir en
búsqueda de colaboraciones con propósito que no solo fomenten un respeto mutuo, un
comercio justo sino que asimismo ayuden a definir la identidad cultural de su territorio y la
interacción con la sociedad, creando propuestas que no solo utilicen el diseño artesanal de
forma textual, sino que se generen abstracciones para mostrar ese valor agregado. Aquellos
productos también deberán de tener una serie de elementos o cualidades que permitan la
transparencia ante el consumidor y que al momento de adquirir dicho producto, el usuario sepa
que se está generando un beneficio colectivo, en donde el diseñador y el artesano se visualizan
al mismo nivel recibiendo lo justo por su trabajo, y el usuario recibiendo de igual manera lo justo
por lo que se paga. Por último, no debemos olvidarnos nunca de que el diseñador o creativo
debe tener siempre bien presente que el diseño es una herramienta para empoderar a la
sociedad y mejorar su calidad de vida. Tenemos el compromiso ético y moral de diseñar con
propósito, y por ende buscar aquellas acciones que fomenten la virtud en cada uno de nosotros
para construir un entorno profesional más integral y equitativo.


Referencias:


Cabrera, A. (201 8). Colaboración entre artesanos y diseñadores mexicanos: en busca de
nuevos signos. Retrieved from
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Dominik Bini